Las transformaciones del entorno construido tienen un impacto en los paisajes marinos (calidad del agua, biodiversidad, sedimentos, pesquerías), y viceversa: la dinámica marina (temporales, erosión, nivel del mar) reconfigura y desafía nuestras formas de habitar el litoral.
Considerar el Arco Atlántico como un espacio común permite estudiar las continuidades y discontinuidades entre costas, islas y estuarios, más allá de las fronteras administrativas. Son de interés las geohistorias de la conectividad (pesca, cabotaje, migraciones, industria conservera, rutas del bacalao, la sardina y la ballena), así como las infraestructuras contemporáneas (energía marina, digitalización y logística), y también las redes y dinámicas sociales y comunitarias que sustentan la vida marítima, los mecanismos de cooperación local y las estrategias participativas para la adaptación climática y la resiliencia comunitaria en contextos de riesgo.
Desde esta perspectiva, surgen preguntas clave: ¿qué cartografías relacionales describen el Arco Atlántico?, ¿cómo se entrelazan sus ciclos productivos, sus regímenes portuarios y sus culturas materiales?, ¿qué papel juegan la arquitectura participativa y el codiseño en la regeneración de espacios litorales y en la inclusión de las comunidades en la toma de decisiones?